Mi escapada a la isla de Ons: lo que no te puedes perder durante unas vacaciones

Siempre había oído hablar de la isla de Ons como un pequeño paraíso gallego, pero no fue hasta este verano cuando decidí comprobarlo por mí misma. Aprovechando unos días libres, tomé el barco desde Bueu y, en apenas media hora, sentí que llegaba a otro mundo. El aire olía a mar y a libertad, y la sensación de desconexión fue inmediata.

Nada más poner un pie en el puerto pensé en que ver en Ons, supe que mis vacaciones serían especiales. Lo primero que hice fue pasear por el pequeño núcleo de O Curro, donde viven la mayoría de los habitantes. Me encantó su ambiente tranquilo y auténtico, con casas blancas, ropa tendida al sol y el sonido constante de las gaviotas. Allí compré un mapa de rutas y decidí recorrer la isla a pie, la mejor forma de conocerla.

Uno de los lugares que más me impresionó fue el Mirador de Fedorentos, desde donde se contempla una panorámica espectacular del Atlántico. El camino hasta allí atraviesa senderos rodeados de brezos y tojos, y aunque el ascenso es suave, las vistas merecen cada paso. Desde arriba, se ve el llamado Buraco do Inferno, una enorme cavidad natural donde las olas chocan con fuerza, creando un sonido que, según cuentan, recuerda los lamentos de las almas perdidas. No sé si será cierto, pero el lugar impone.

Después de tanto caminar, nada mejor que un baño en la playa de Melide, una de las más bellas y salvajes de Galicia. Su arena blanca y el agua transparente me recordaron a las Cíes, aunque Ons tiene un encanto más rústico y menos masificado. Pasé horas tumbada al sol, escuchando el mar y sintiendo que el tiempo se detenía.

Por la tarde, me acerqué a comer al único restaurante del puerto, famoso por su pulpo a la isla, preparado al estilo tradicional. Comer frente al mar, con el sonido de las olas y una copa de vino blanco, fue el broche perfecto del día.

Antes de regresar, me quedé un rato observando la puesta de sol desde el embarcadero. El cielo se tiñó de tonos anaranjados y pensé en lo afortunada que era por haber descubierto un lugar tan puro y lleno de vida. Si alguna vez buscas desconectar y sentir la naturaleza en su estado más salvaje, la isla de Ons es, sin duda, el destino perfecto.