Siempre había escuchado que las Islas Cíes eran un paraíso, pero lo que no imaginaba era lo especial que sería dormir allí. Este verano decidí, por fin, vivir la experiencia completa y pasar unos días en el camping de las Cíes. Fue, sin duda, una de las mejores decisiones que he tomado.
Desde el momento en que el barco zarpa desde Vigo, ya se siente que uno se dirige a un lugar distinto. El trayecto es corto, pero emocionante. Al llegar, lo primero que impacta es el color del agua y la arena blanca, tan fina, que parece de postal. Y aunque la mayoría de la gente va solo por el día, quedarse a dormir cambia completamente la experiencia.
El camping está perfectamente integrado en la isla, rodeado de naturaleza y con vistas al mar. Elegí la opción de alquilar una tienda ya montada, porque quería viajar ligero, y fue un acierto. Tenía lo justo: colchones cómodos, sábanas limpias y luz solar por la noche. No necesitaba más. Allí, el lujo es despertarte oyendo las gaviotas y respirar aire puro antes de salir a desayunar con vistas a la playa de Rodas.
Durante el día aproveché para recorrer los senderos que cruzan la isla. Subí al Alto do Príncipe y al faro, y en cada mirador me quedaba sin palabras. Hay algo mágico en esas vistas, en la mezcla de mar abierto, vegetación salvaje y silencio. Porque sí, cuando cae la tarde y se marchan los barcos, la isla se queda tranquila, como si se recogiera sobre sí misma.
Una de las cosas que más me gustó fue desconectar del todo. No hay ruido, ni tráfico, ni notificaciones constantes. Solo el ritmo natural de los días: caminar, leer, bañarse en aguas frías y cristalinas, ver atardeceres impresionantes y dormir profundamente. El camping Cíes tiene un restaurante sencillo pero suficiente, y zonas comunes muy cuidadas.
Pasar unos días en el camping de las Cíes es más que una escapada: es una forma de reconectar con lo esencial. No se trata de grandes lujos, sino de algo más profundo: estar presente, respirar hondo y dejarse llevar por el ritmo de la naturaleza. Volví a casa con la sensación de haber vivido algo único. Y sí, repetiré.